Princesa de nácar, dormida en el abismo traslúcido del mar, escondida en las cimas más altas, en los páramos más escondidos, en los oasis de los desiertos, en la tibieza de los ríos, en el canto del viento, en cada nota musical, princesa de nácar.
Siento tu esencia en el amanecer, en el rugir de las olas, en la tranquilidad de los atardeceres, recuerdo tu voz, tu aliento, tu mirada princesa de nácar, a cada instante y en cada momento me acompañan, aunque no estes conmigo, aunque no estes conmigo.
La pena y la alegría se conjugan en una sola princesa de nácar, la tristeza de no estar contigo y la alegría de al menos haberte conocido; siento princesa de nácar que el destino finalmente me separará de tu calor y tu alegría, lo presiento princesa; mas hoy y siempre, aunque lejos de mi vida, mas cerca de mi alma, estaras princesa de nácar, hasta el último suspiro, hasta el último respiro, en la contemplación de los ultimos rayos aureos del sol sobre el mar, en el último canto de sirena, en el último abandono de mi mismo, en la más grande lucidez de mi alma, en las victorias y derrotas, será de ti y por tí la fuerza de levantarme, la alegria de continuar princesa, por tí, hasta el último aliento, hasta el último eco de una voz ya ausente, seras siempre mi princesa de nácar.
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