El invierno ha llegado, trae memorias y recuerdos, el verano es para vivir, el invierno para recordar. El viento frío de la mar evoca recuerdos, algunos alegres, algunos tristes, sobretodo muchas nostalgias, el invierno es tiempo de reflexión. Estando en medio del laberinto y torbellino de la vida, es difícil ver cerca o de lejos los hechos y las situaciones; no hay teoría o sistema que pueda explicarla, son ilusiones, es difícil pensar sobre esto.
La realidad es en efecto una ilusión, un destello de luz en medio de la oscuridad, un pequeño clamor de la consciencia reclamando su existencia. La realidad es una danza entre nuestra ilusión de ser y la pretensión de la realidad de existir, somos sombras de la confusión, enganandonos a nosotros mismos mientras la realidad pasa. Hijos de una pequeña luz que por ser única es la mas grande, pero sin querer y sin culpa, elegimos que sea mas pequeña, cada vez mas pequeña.
El llegar a estas conclusiones no me hace pensar que de algun modo esta sea una respuesta definitiva, ni siquiera una respuesta, me inclino a pensar que es cierto esa conclusion de un gran sabio antiguo, mientras mas respuestas encontremos, mas dudas apareceran, seguramente, en proporcion entonces mientras mas conocimiento adquiera la elite conocedora del mundo (lastimosamente no se le puede atribuir esta caracteristica a toda la humanidad, si asi fuere tal vez yo no estuviese tan extraviado) menos sabremos sobre la realidad.
De esta conclusion se desprende que no importa o no tiene sentido busqueda alguna del conocimiento, menos aun considerando ciertos usos que se le ha dado a la tecnologia y que probablemente sean la causa del mismísimo fin de esta entomológica aventura humana.
Entonces lo que sostiene la búsqueda del conocimiento dado el pesimismo que nace de la lógica, son los sentimientos, las emociones y el deseo, me siento tentado a llamarle amor, aunque sea parte de eso no lo haré (por ahora), la inspiración recibida, la admiración que un día nos inspiraron a aprender, son eso, emociones, y es la única excusa valida para no dejar de aprender, la búsqueda racional del conocimiento esta sustentada en el fondo por la irracionalidad de los sentimientos, persiguiendo siempre una pasión que ha sido encendida en nosotros, un fuego interior que viene desde los primeros ancestros que empezaron a cuestionarse a si mismos y a la naturaleza, somos sus herederos.
Giordano Bruno, el verdadero Jesucristo, ha dado su vida por sus fervientes convicciones de amor al conocimiento y a la razón, lo hizo por este amor , no por conclusiones lógicas en si (actuando de manera lógica se hubiese suicidado desde el primer momento de su arresto), esperando tiempos mejores. El conocimiento solo puede existir por el amor que es en el fondo el irracional sostén de su búsqueda.
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