jueves, 7 de mayo de 2015

Memorias

Desde lo profundo,  poco a poco,  lentamente, cada vez más atrás y con mayor esfuerzo,  vienen mis recuerdos. Su lentitud hace que se vayan quedando a la zaga ,  sin querer; no quiero dejarlos,  me dejo que me dejen,  como un muñeco sin voluntad,  sin alternativas,  con un deseo y fuerza de estrella fugaz como para cambiar el destino. De haber despertado en un sueño que a veces era una pesadilla, voy despertando de nuevo a él mismo,  para darme cuenta de que era la realidad, que la realidad es siempre un sueño,  y que el pasado también fue un sueño y una pesadilla,  dormirse es en el fondo despertar a otra realidad,  la cual se convertirá en un sueño cuando despertemos de ella.  

No quiero dejar mis recuerdos,  no quiero que me dejen, quiero aferrarme a ellos,  esconderlos en una cajita de fósforos donde se protejan de la tormenta infinita del olvido; quiero recordar a cada instante los mismos recuerdos que me hicieron feliz,  quiero darles la mano que me extienden a punto de caer en el abismo del olvido,  pero no tengo fuerzas, no las tengo. Uno a uno van escapando de mis manos de arena. Los pienso tanto que ya no son ellos mismos y a fuerza de quererlos,  los he destruido, los he cambiado al recordarlos con añoranza y tantas veces, ya no son ellos mismos; como nosotros somos nuestros recuerdos,  ya no soy yo, me he despertado otro,  de vivir en un pasado hermoso e imaginario construido por mí,  aquel que si pudiese visitar me resultaría extraño,  a vivir una realidad más extraña,  menos mía,  pero cada vez más mía. 

Es cierto,  cada vez soy menos yo,  con cada recuerdo que me abandona o transformo en algo que no fue; pero a la vez soy más yo,  porque al construir y deformar mis recuerdos con mis más anhelados deseos,  estoy creando en el fondo algo muy mío, me estoy creando con mis más íntimos sueños y esperanzas; todo cambió y lo he dejado todo, pero en el fondo aquel pasado real que desconozco por completo se transforma de acuerdo a mis más grandes anhelos,  es más yo,  algo que ni siquiera me atreví a expresar, ahora  me atrevo a soñar, a vivir, a cambiar mis recuerdos,  a cambiarme a mi mismo de acuerdo a mis expectativas del pasado que también fue un futuro nunca cumplido pero anhelado.  Si,  esta no es una destrucción,  es una creación y en el fondo el dolor es arte,  el arte de vivir,  el arte de atreverse,  puedo soñar de nuevo porque el pasado es mio,  controlo mi presente y ya estoy transformando mi futuro. 

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